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El Regreso del Migrante Criminal
Sergio Bähr Recientemente, un amigo que trabaja el tema del éxodo masivo de compatriotas hacia Estados Unidos me decía "hoy en día, a los emigrantes les ven cara de dólar, sólo son importantes en función de las remesas que envían, el gobierno no se preocupa por el lado humano del asunto". Tras un instante, y mientras yo pensaba en trenes, desiertos, terribles y frías noches y coyotes (literales y figurados), agregó con un suspiro "Bueno... al menos es mejor que cuando los criminalizaban con eso de que son ladrones y asesinos los que regresan". Malas noticias. Los están criminalizando de nuevo. En una muestra de ignorancia, mala fe y franca, lisa, llana irresponsabilidad (como se verá), el ministro de Seguridad y su ministerio han estado alimentando a los medios de comunicación durante las últimas semanas datos que "prueban" que la criminalidad en Honduras ha aumentado a partir del mayor índice de deportaciones de "ilegales" realizadas desde los Estados Unidos. Es decir, entre más compatriotas regresan, más crimen hay en nuestro país.
De lo que no se pueden sacar conclusiones con este dato es que exista una correlación directa entre "deportación" y "aumento de la criminalidad". De acuerdo a los datos brindados por el ministro de seguridad Álvaro Romero "el año pasado nos enviaron 5 mil, en el 2004 18 mil y ahora más de 11 mil repatriados... de ellos, más de 2,100 vienen con diferentes delitos, con especialidad en el crimen, deportados por violencia doméstica, desacato a la autoridad, posesión de arma, venta y consumo de drogas, asalto, acoso sexual, escándalo en la vía pública, ofensa a la policía, infracciones de tránsito, fraude, robo, hurto u homicidio". El problema es que el ministro no cuantifica sus aseveraciones: ¿Cuántos de esos migrantes son deportados por "desacato a la autoridad" o "escándalo en la vía publica" y cuántos por "homicidio"?; antes de sacar conclusiones generalizantes es necesario contar con datos específicos. Justamente, la cantidad que menciona el ministro va en abierta contradicción no solamente con los datos brindados por su gobierno en enero del 2006, sino contra la tendencia de deportaciones de los últimos 5 años cuando menos, tal y como le podrían informar (si se molestara en preguntar) las organizaciones que trabajan con y por los migrantes en Honduras.
Históricamente, los intentos por calificar al criminal de acuerdo a sus características físicas (escuela de pensamiento fundada por Cesare Lombroso) han sido ampliamente desacreditados por la criminología moderna. Lastimosamente, una nueva forma de discriminación ha tomado su lugar: el calificar la criminalidad en función de la clase social, es decir, "hay ladrones porque hay pobres" o "hay más crímenes porque hay más migrantes deportados". Como si los ricos (en cuyo caso tal vez Lombroso tendría razón) no roban y asesinan. Como si los corruptos que han desfalcado al pueblo hondureño, que le han robado su salud y educación, son pobres, como si la gente que se va a los EUA a buscar una mejor vida debido a un sistema que (el mismo presidente lo ha dicho) no funciona, fueran todos criminales. Si el ministro y sus asesores tuvieran un mínimo conocimiento de criminología, deben saber que estas afirmaciones son falsas. Y aun así, ¿convocan a una conferencia de prensa exclusivamente para acusar a los migrantes deportados de aumentar la criminalidad? Mala fe, sin duda.
En la percepción social sobre el tema de la migración (o imaginario colectivo, o "ethos generalizado", como le quiera llamar) ha costado muchos años de trabajo para las organizaciones que trabajan con migrantes, y a los migrantes mismos, defragmentar la idea del "migrante-criminal" y tratar de enfocar, estudiar y aceptar los aspectos humanos del fenómeno para que ahora, desde esos pedestales de lodo que en Honduras confiere el poder, el ministro de seguridad intente construirla con una mal concebida campaña. Señor ministro: generalizar a partir de pocos datos no es científico, ni serio, ni útil. Decir que si algunos migrantes son criminales, todos deben serlo, es casi tan irresponsable como decir que si algunos ministros de este gobierno no sirven, todos deben ser inútiles. Aunque claro, en el último caso, tal vez contamos con un catálogo más representativo. Sergio Bähr, Sociólogo
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