Pinochet: la divina tragedia
Y es que pinocho, pino pinoshit...
Eduardo Bähr
No hay sorpresa, el viejo dictador sabía lo que hacía.
Llenó de sangre a todo un país; horrorizó a la humanidad
con las peores crueldades desde Las Cruzadas, desde Hitler.
Preparó el escenario de lo que iba a ser, después de su muerte,
la puesta en escena de su entrada triunfal en el Averno.
Visualizó perfectamente el cono invertido de la estructura infernal,
procedió meticulosamente a construir su propia arquitectura de la muerte.
El objetivo era resumir los nueve círculos en uno solo,
su trono y sus dominios. Las cornisas superpuestas del Purgatorio
le sirvieron para colocar las cabezas cortadas, todavía sangrantes,
como brutales adornos y guías de la ruta de ingreso.
En el Limbo le fue fácil familiarizarse con un animalero de lujuriosos violadores,
glotones de sangre, avaros de la vida de los niños, iracundos asesinos,
herejes recién ingresados a la doctrina nazifascista,
violentos mandamases, usureros del patrimonio nacional, engañadores ladrones del fisco.
Entabló hermandad con Minotauro
quien lo llevó a conocer lo que desde los 91 años hasta nunca en la eternidad
serían sus más preciadas pertenencias: las defecadas apestosas de la Parca,
la selva sonriente de los suicidas, la cascada de lodo tinto en sangre,
las nueve fosas de los lamentos y los torturados, la escolta de los demonios guardaespaldas,
la clase política de los hipócritas, la fosa de las serpientes envenenadoras,
la cofradía de lameculos y calumniadores, la hermandad de los traidores e infieles.
En todo ello reinaría, hasta en las nueve terrazas donde se encuentran los aristócratas esnobistas,
los mediocres intelectuales diletantes, los perezosos burócratas, los torturadores.
Fue su selva umbría y el perfecto camino para llegar a su reinado.
Y cuando estuvo listo, después mostrarle al mundo entero la verdadera calaña
de su cristiana y romana personalidad, todavía con las garras llenas de sangre,
legó a su familia lo robado al pueblo chileno, hizo lista extensa,
pormenorizada de todos sus crímenes, traicionó por última vez a la humanidad
en el propio día universal de los derechos Humanos, se burló
del cumpleaños de su vieja compañera de fortunios
y zarpó raudo para sus fueros.
Ahora, en plenas honras fúnebres, se supo a ciencia cierta
que Pinochet llegó al Infierno exactamente
21 gramos antes de patear el balde.
Diciembre 2006, día del suceso.
Eduardo Bähr
Escritor hondureño, http://www.eldaguerro.net
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