Canto a la miseria
Detuve el autobús que esperaba hace rato
subí, y aquel inepto, arrancó sin aviso
el impulso terrible me agarró de sorpresa
y por poco me veo tirada en el piso.
Me senté. A mi lado, alguien refunfuñaba
"Ordinarios vulgares, éstos hombres" decía
no presté atención, volteé a la ventana
y entonces miré la calle ennegrecida.
El mercado apestaba como siempre es costumbre
se expandía la alfombra de basura en el suelo
el tráfico espantoso no permitía avance
y yo desde mi asiento me sobaba el pelo.
Se me aguó la mirada cuando vi de repente
a una pobre criatura mendigando limosna
con su porte harapiento y la voz muy cansada
¡Yo sentí la tristeza que salió de su boca!
"Por favor, le suplico, si no es mucha molestia
en el nombre de Dios, regáleme un lempira
o cualquier centavito que le ande sobrando
que me ayude a comprar un poco de comida.
Verá, no tengo a nadie, ni padres ni familia
pero, para robar, yo prefiero pedir
por las calles deambulo sin ningún domicilio
o algún techo seguro donde pueda vivir.
Valentina me llamo, y tengo nueve años
para lo que disponga, señorita estudianta
yo no voy a la escuela, pues no tengo recursos
no se contar los números, ni escribir, no se nada.
Pero si yo pudiera aprender cosas buenas
sin dudar yo lo haría, para ser importante
aunque no estoy seguro de que pueda lograrlo
¡Licenciada o Maestra quisiera ser de grande!
Dígame ¿usted qué hace? ¿dónde vive, qué estudia?
le gusta leer libros por lo que estoy mirando
yo no puedo leer, soy persona ignorante
ahora diga ¿qué tiene? ¿acaso está llorando...?"
Pobre de Valentina, una niña indefensa
que no sabe ni cómo se escribe su nombre
pero con todo y eso ¡cuánta inteligencia!
que no me extrañaría que la gente se asombre.
La miseria se ha vuelto un peligro inminente
en éste país tonto que cualquiera maltrata
cada vez es más pobre la gente, y los ricos
cada vez llenan más su cuenta millonaria.
¡Ay de Comayagüela!, que es la casa de tantos
que no tienen refugio entre cuatro paredes
los niños, los ancianos, la gente desgraciada
en una esquina sucia, con miedo, ahí se duermen.
Qué injusto ha sido Dios al repartir las cosas
que injusta es ésta vida de mierda que vivimos
nacemos y crecemos, rompiéndonos el lomo
y sin pena ni gloria, como un perro morimos.
Y no estoy blasfemando en contra de ninguno
no soy santa ni buena, tampoco una habladora
pero lo cierto es cierto, y yo lo estoy diciendo
y eso no me convierte en una pecadora.
No creo en religiones, ni en justicia divina
no voy a las iglesias, no soy ni satanista
yo creo en lo que veo y en lo que conozco
y no es que sea yo una tonta nihilista.
Honduras va cayendo en un abismo profundo
y nadie hace nada, nadie abre la boca
estamos moribundos y no nos damos cuenta
no existe gallardía y fuerza hay muy poca.
Y no es que yo me excluya, ahí voy en la jugada
no hay quien salga sobrando, de todos es la culpa
a los obreros pobres, a grandes empresarios
a todos, algún día, nos llegará la multa.
Yo, que por tantos años viví en una barreada,
donde sobraban vagos y gente sin principios,
jamás supe de hambres ni de necesidades,
miro a los miserables nadar en mil suplicios.
De mi Tegucigalpa sólo quedan recuerdos
y de Comayagüela visiones muy borrosas
los barrios, las colonias, los viejos callejones
son nidos de tristeza, perenne y angustiosa.
Maldito sea el mundo y quienes lo dominan
porque hoy en día nadie puede ser bien feliz
maldita sea ésta vida ¿quién me obligó a vivirla?
maldita sea yo por quererme morir.