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Crítica literaria: Eunice Odio (el mito costarricense)

Por Dennis José Durón Dávila

En soledad, lejos de los desvaríos de las dimensiones científicas, almas razonables sueñan del mismo modo. Aunque atemporal, esa alma humana vive más intensamente cuando el arte se conecta y se hace más viviente.
Las mujeres de siempre; de antes, de ayer y de mañana, además de sus fulgores poseen fuerza, resolución y osadía. Olvidemos, aunque sea por lo que nos llevará leer este articulo, de la realidad de nuestras mujeres hondureñas, de las fronteras, y pensemos en el ser universal, en su valorada y exclusiva belleza, en su memoria, en su capacidad sicoanalítica, en sus talentos. Tales valores nos ayudarán a conocer la sublimación de su existencia. Y ahora, con imágenes reales, me permito abrir un pequeño claro para remover, a pocos centímetros, en la obra de Eunice Odio.

"Y yo aquí solísima en esta casa, sin hablar
(más que de vez en cuando con las cosas:
el reloj, las flores, las calabacitas,
que son hermosas por fuera y divinas por dentro, etc.),
durante días y días, con ninguna alma viviente."1

Eunice Odio.

Esta reseña será un breve retrato de su faceta narrativa que tomará en cuenta no solamente al denominado, por sus amigos, "mito", sino... también a la escritora conciente de su responsabilidad con la palabra, y a la luchadora y crítica que no temía defender sus posiciones en asuntos literarios y políticos. Para esto último tendremos como recurso algunos comentarios de ciertos conocidos y críticos que nos revelarán su personalidad compleja y contradictoria, siempre alerta y polémica, y sobre todo conciente de su posición vulnerable dentro de la sociedad patriarcal y conservadora de su tiempo.

Eunice Odio declaraba haber nacido en San José de Costa Rica en 19222. Los que le conocieron dicen que desde muy niña mostró dotes de gran inteligencia: se aburría en la escuela y leía a hurtadillas todo lo que caía en sus manos (y que acostumbraba deambular sola por las calles de San José, libertad que le producía gran placer).

Iniciando los cuarenta ya se leían sus poemas por la radio, bajo el seudónimo: Catalina Mariel. El 28 de mayo de 1939 contrae nupcias con el Lic. Enrique Coto Conde, de quien se divorciaría dos años después. A partir de 1945 publicó en Repertorio Americano y en varios diarios nacionales. Ganó en 1947 el premio Centroamericano de poesía "15 de septiembre" con su libro Los Elementos Terrestres. En 1948 decidió vivir en Guatemala y adoptar esta ciudadanía3. En 1953, publicó en Argentina su libro Zona en Territorio del Alba, el cual fue escogido para representar a Centroamérica en la colección Brigadas líricas. Vivió en México a partir de 1955, donde trabajó en periodismo cultural, como crítica de arte y haciendo traducciones del inglés. En 1956 sufre dos grandes pérdidas: fallece su padre, don Aniceto Odio, y en sus brazos, su amiga entrañable, Yolanda Oreamuno. Su libro más maduro es El Tránsito de Fuego, el que fue editado en El Salvador en 1957. Vivió en los Estados Unidos de 1959 a 1962, en este último año regresa a México, se hace ciudadana mexicana y nuevamente trabaja en periodismo cultural y como critica de arte, también cultiva diversos subgéneros de la prosa, como cuentos, ensayos, panfletos, reseñas y epístolas. Publica dos cuentos: Había una vez un hombre y El rastro de la mariposa en 1966, este último publicado en Zona Franca (en 1968).
En el año 63 declara su posición adversa al comunismo y al castrismo como Fidel Castro: viejo bailador de la danza soviética, Cuba, drama y mito y Lo que quiere Moscú y defiende Sastre. Desde 1964 hasta el final de su vida colabora con la revista Zona Franca. El poema el Arcángel Miguel, fue publicado por el escritor venezolano Juan Liscano en el número 29 de dicha revista en 1966. En 1967 ingresa a la Orden Rosacruz, donde alcanza el segundo Grado Superior del Templo, a finales de 1968.
En 1972 publica en México En defensa del castellano.
Eunice Odio murió en México4 el 23 de marzo de 1974, en la mayor soledad; su cuerpo fue encontrado diez días después de muerta en su apartamento de la calle Neva. El poeta costarricense Alfredo Cardona Peña manifestó en una nota en La Nación de México, que al entierro de Eunice acudieron cuatro o cinco personas nada más.
Poco después de la muerte de la poeta, EDUCA publica "Territorio del alba y otros poemas".

Eunice Odio, como poeta y narradora, marcó en su país la transición entre el realismo y el vanguardismo, especialmente dentro de la corriente surrealista, aunque ella definía su obra como una superestructura, absolutamente lejana de lo automático. En su obra la realidad aparece fragmentada y se presenta con exuberantes imágenes analíticas, a veces irracionales, que aunque físicamente se encuentren muy lejos, se funden en el poema con el entorno. Su obra concede un importante espacio a lo onírico, a la introspección, al mundo del subconsciente, desde un sentido poético más que sensible.
De su poética, diremos que pocos críticos se han adentrado en ella y que no ha sido muy estudiada debido a que se le considera una figura exótica, mítica. Juan Liscano, señala que la escritora "fue ignorada, incomprendida, que no tiene siquiera unas páginas en las pomposas, vulgares y comerciales antologías de los últimos años que repiten, exaltan e hinchan figuras proyectadas como dentífricos de moda". Y además la define como una "esteta en un tiempo de iconoclastas y adoradores de la deformidad en todos sus aspectos, defensora del lenguaje noble fundado en una aspiración superior de ascensión espiritual cuando lo que importa como más impactante, más nuevo, es la imitación escrita del habla baja y rutinaria".
Otra estudiosa de Eunice Odio es Rima de Vallbona. Ella hace un retrato más completo de Eunice porque revela aspectos importantes de su relación con el mundo. Afirma que la actitud crítica de muchos de sus ensayos, le cerró las puertas del medio intelectual mexicano, y de otros países también. En relación a su poesía, Vallbona afirma que Eunice era difícil, complicada, secreta y llena de misterio, con lo cual coincide con la apreciación de Liscano. Que sin hacer uso de imágenes y adjetivos trata de realizar un acto mágico ritual, ya que "su visión poético metafísica hace ver en la palabra el signo escrito, el dicho, para ella la poesía no era sólo una adición ni un medio de dejar su nombre para la posteridad. Era más bien "un destino implacable", el perfeccionamiento, un supremo esfuerzo de realización integral del ser".
Por su parte Peggy von Mayer expresa que a más de veinte años de la muerte de la escritora, su obra ha ido cobrando cada vez más prestigio y reconocimiento, y –un signo importante- lo ha logrado dentro de un público erudito y sensible. "Su poesía -explica von Mayer- es el resultado de un esfuerzo consciente, de gran exigencia interior, donde se han explorado nuevas zonas de expresión personal". Nos dice que "el hilo conductor de la poesía de Eunice es la búsqueda metafísica, que va del estudio ontológico particular hacia lo divino", y de allí el tono intimista, reflexivo y simbólico.
Y por ultimo, Alfonso Chase, relaciona su obra con la tradición literaria costarricense. En 1972 él propuso al Ministerio de Cultura la publicación del poemario Territorio del Alba, la cual fue rechazada. Aunque considera la obra de Eunice, de trascendencia universal, afirma que ella "pertenece desde siempre a nuestra cultura por derecho propio. Por vocación creativa sus poemas, cuentos, ensayos, son patrimonio estimable de nuestra literatura".

 

Eunice Odio, se enfocó a la creación, principalmente, de poesía. Sin embargo, según se ha mencionado antes, cultivó otros sub géneros de la prosa, como ser el ensayo, el artículo, el cuento, etc. Este artículo no analiza una obra completa, únicamente resumirá lo referente a un cuento, tomando en consideración que, según la obra con la que se trabajó, y los datos que brindó la investigación, sólo se encontraron dos de ellos: Había una vez un hombre y El rastro de la mariposa. De ambos se escogió, para el análisis, el primero:

Había una vez un hombre

"El concepto de ser es indefinible" -propone Heidegger-, más aún, si no conocemos sus funciones y sus motivos, el ser no puede concebirse con ligereza5.
El desconocimiento del "ser" provoca una imagen, una respuesta, en el cuento "Había una vez un hombre". Esta brutal pregunta la plantea el narrador del cuento al principio de este:

"Había una vez un hombre que será... Eso hasta yo sé que no está bien. Lo
correcto habría sido decir había una vez un hombre que fue... Se tocó la
cabeza una vez más. (...) no importa que "había una vez un hombre que
será"... (...) Un hombre que será ¿qué?, por qué no podré recordar la
palabra, eso que iba a ser el hombre?".

Para responder las incógnitas del ser, Eunice Odio construye un sujeto aislado, un fenómeno del ser en el mundo, y demuestra ante nuestros ojos, lo físico y lo psíquico, con derecho o sin derecho a probar esta su realidad.
Narra la transformación en mariposa de Pedro, un pepenador y recolector de basura reciclable, un ser humilde. El simbolismo de la mariposa como equivalente del alma es de viejo uso, Darío lo emplea en el poema Divina Psiquis.
Durante su proceso metamórfico, Pedro nota cambios, como el empequeñecimiento de su cuerpo:

"Pedro se puso los pantalones que siempre le habían venido grandes.
Le fue imposible dejar de ver que hoy le venían más grandes (grandísimos)
que nunca (...) y sin embargo eran los mismos pantalones de siempre
y él era el mismo él, o Pedro o lo que fuera".

La narración posee un lenguaje preciso, descriptivo y minucioso, donde sus imágenes son nítidas. Pese a ser un tanto difícil, el cuento nunca induce a interpretaciones absurdas. Y en efecto, su intención es provocar un viaje de sentidos y lo logra.

En resumen, "Había una vez un hombre", es un croquis motivador, en el que su creadora nos permite conocer a un personaje arrancado de nuestro cotidiano urbanismo mitológico para entender la invocación del interior, su esencia, y su metamorfosis de sueño (fenomenalidad que puede decolorar, atenuar, borrar).

La obra de Eunice Odio, más que angustia, es la conducción, la reflexión del ser humano que se enfrenta con la certeza de la "muerte" del "ser" para luego renacer en otro, -¿desterrando recuerdos?- donde sólo gracias a esto el ser humano puede aprehender el verdadero sentido de la libertad.

 

1 Von Mayer, Peggy –editora- (1996). Eunice Odio, "Carta 15", Obras completas I. San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica: Editorial de la Universidad Nacional. Pag. 361
2 La doctora Alicia Miranda Hevia investigó la inscripción de su nacimiento en el Registro Civil de San José, Sección de Nacimientos, tomo 136, folio 037, asiento 037 de la provincia de San José, y afirma que nació el 18 de octubre de 1919. su apellido era Odio Infante, y no Odio Boix y Grave Peralta, como afirmaba Eunice: "En realidad me llamo Eunice Odio, Boix y Grave y peralta. Por Boix soy catalana; por Grave Peralta, vasca navarra. Por mi madre soy Álvarez y Angulo, gallega castellana." (Carta # 28)
3 Permanece en este país hasta 1954.
4 Según el diccionario de obras y autores literarios, de Océano, Eunice Odio murió en esa misma fecha, pero en San José de Costa Rica, y no en México como nos había reflejado hasta el momento la investigación.
5 Heidegger, Martin, El ser y el tiempo. Novena edición. Fondo de Cultura Económica. México. 2000.

 

Por Dennis José Durón Dávila; escritor del libro "Mundo ininterrumpido", de Editorial Roca en el Aire; estudiante del tercer año de la carrera de Letras en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
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