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Sergio Rodríguez: Silvio Rodríguez y su música
Escuchar la música de Silvio Rodriguez es casi una religión. Su música tiene poderes adictivos, cuando se escucha unas cuantas veces produce en los oyentes una perenne necesidad de oírla sin cansancio. Algo parecido le pasa a los melómanos wagnerianos que incluso se van a los extremos y se dejan imbuir y consagrar sus vidas a su arte, rechazando las otras por temor a contaminarse o traicionarla. Conozco algunos por ejemplo que no se conforman con las traducciones del texto alemán y buscan afanosamente a través de estudios independientes hacer sus propias traducciones.
Hoy, con los años encima, en mis viajes con las orquestas sinfónicas en las que toco, me sorprendo de que la música que voy escuchando en el CD player va entre Bizet, Sibelius, y Silvio y cuando viene de visita el eminente amigo Juan Domingo Torres también Chabela Vargas y la Montserrat Caballé. Lo maravilloso de la música de Silvio radica primeramente en sus textos poéticos y filosóficos y luego en sus melodías mozartianas que son continuas y fluyen en tiempo y espacio. Muchos creerán que Silvio aunque es un autodidacta no conoce la música "clásica o académica"; de joven su formación intelectual lo llevó a una búsqueda de los compositores clásicos y estuvo sumergido en las bibliotecas de su país escuchando y leyendo acerca de los compositores de la música instrumental académica. No es de extrañarse que orgullosamente manifieste que Tchaikovski es uno de los compositores que también ha influenciado en su música. Podemos definir que Silvio-como lo diría David Byrne- es la suma de las siguientes corrientes artísticas: Huddie Ledbetter, Sindo Garay, Los Beatles, Víctor Jara, Violeta Parra, Beethoven, Bob Dylan, Ché, Pablo Neruda, Neil Young, más la música salsa y el jazz. Escuchen "En el Claro de la Luna", "La Masa", "Días y Flores", "Te Amare y después", "Rabo de Nube", y "Unicornio" entre otras. Es importante recalcar que desde el principio de su obra artística ya Silvio se había rebelado contra los status quo de lo que debería ser un "artista" y con sus amigos de la Nueva Trova decidió que no quería presentarse al mundo como un ser mágico con efectos luminosos y estrambóticos venido del espacio sideral; ellos quisieron siempre mostrarse como cualquier ser humano para los que su música fuese lo mas importante de experimentar. De esto podemos entender que hay diferentes niveles de música: una que entretiene y hasta aletarga con el uso de los efectos luminosos, rayos láser y el "fog" en los escenarios y otra que sólo requiere del poder de sus melodías, sofisticados lirismos y músicos con solidez profesional. Si escuchamos por ejemplo "La primera mentira" nos encontraremos que un fagote lleva el tema principal, y antes del final una increíble melodía en el instrumento del corno francés. Tuve la suerte -con mis ilusiones de joven, en uno de mis regresos a la patria amada y tocando con nuestra triste Sinfónica Nacional, que desde su comienzo continúa sin poder consolidarse como una institución profesional del estado-; tuve la suerte, decía, de conocer a un músico de Nicaragua quien también era miembro de nuestra Sinfónica y que me habló de cuando grabó con Silvio en Cuba esta producción. Otra particular característica en la música de Silvio es el predominante uso de los instrumentos acústicos. Y si escuchan las canciones con piano encontrarán que su armonía se mueve alrededor del cool jazz de Miles Davis. Siempre he manifestado que el jazz se ha ido transformando y mezclando en la música mundial desde Claude Debussy hasta Ástor Piazzolla; o sea que es un género que no tiene límites y es infinito. La música de Silvio, parafraseando a nuestro poeta Roberto Sosa, le inyecta una carga no acostumbrada al cerebro, y yo diría "y el alma se regocija". Músico violinista / Albany, GA USA / April 18, 2006
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