ElMounstruario.com
Inicio
¿Quiénes somos?
Foros
 
Secciones
Artículos
Aportes
HDP de la semana
Arte
Vox Populi
Descargas
Archivo
 
Contactos
Foros
Enlaces
Correo
 
Titulares en RSS
Agregá los titulares de las actualizaciones de cada semana via

¿Qué es y cómo funciona el RSS?

 
 
Google
Web
ElMounstruario
 
 
Interludio: Veintío

Busqué bajo un pequeño tejado protección ante el calor y el polvo que me tenían agobiado. Un niño se acercó a ver la novedad de mi persona: mi ropa, mi piel y pelo, y quizás principalmente mi fólder abierto y lápiz en mano que me convertían en la proverbial mancha humana en una página en blanco.

El niño estaba descalzo, tenía el pelo cortado al ras, sucio el pantalón y sucia la camiseta que antaño anunciaba a vivos colores algún producto comercial. Era un estereotipo de niño pobre hondureño, y procedió a confirmarlo: "dame un peso", me dijo viéndome a los ojos. "No tengo" le mentí. Comenzaba a darse la vuelta, un poco molesto, cuando lo llamé. "Pero te puedo dar otra cosa". Los ojos le brillaron. Apagué mi cigarro, me metí las manos en los bolsillos del pantalón y las saque de nuevo, ahora cerradas en puños: "si me adivinás que tengo en una mano, es tuyo".

Me miró decepcionado "ah, ¡no! Así le ofrecen a uno a cada rato, y nunca tienen nada". Moví enérgicamente las manos: "bueno, vos te lo perdés..." y lentamente comencé a meterlas, nuevamente en mis bolsillos. Me detuvo: "¡va pue! Qué hay en... ÉSTA!".

Volví mi puño derecho lentamente para que la palma estuviera hacia arriba, y lo abrí despacio. Estaba vacía. Me miró, ahora un poquito triste "no joda usté" me soltó, y luego: "ya ven –dirigiéndose a otros dos niños que curiosos se habían acercado- nunca tienen nada...". Le pedí que esperara un momento, volví mi puño izquierdo y abrí la mano. Y ahí estaba, mi ultimo chocolate, semi derretido por el calor.

Se rió conmigo, los otros dos niños, igualmente descalzos, rieron también. Partimos el chocolate en cuatro pedazos más o menos igualitarios (me tocó el más pequeño) y lo hicimos durar chupándolo lentamente, para que no se nos acabara. Después encendí un cigarro, y me dirigí a él con más confianza. "Vos tendrías que estar en la escuela Veintío" (ya me habían contado, para su enojo, que ese era su apodo: Veintío. Una pequeña moneda de veinte centavos).

"¡No!". Y la palabra fue casi un golpe "ya no voy, desde el huracán. Dice mi mamá que mejor le ayude a conseguir pisto para la casa". Yo había escuchado la historia antes, en todas partes, demasiadas veces. Debería haberme acostumbrado, pero de todas formas nunca sé que decir, así que me quede callado.

El confundió mi silencio "de verdá" me dijo "viera que llevaba buenas notas, mejores que mi hermano". Agarré la oportunidad para cambiar de tema, y le pregunté: "¿y tu hermano?".

"Se murió con el Huracán", me dijo. Se dio vuelta, corrió hacia las personas que bajaban de un bus "Tela-Ceiba" y lo escuché de nuevo, ahora a la distancia: "me da un peso".

Encendí otro cigarro con una sensación de opresión en el pecho. El calor ya no me molestaba tanto, ni el polvo.

Hubiera querido tener más chocolates.

 

Autor: Sergio Fernando Bähr


inicio   -   regresar -   arriba
 
Comentario y opiniones a
2005-2006 ElMounstruario.com