ElMounstruario.com
Inicio
¿Quiénes somos?
Foros
 
Secciones
Artículos
Aportes
HDP de la semana
Arte
Vox Populi
Descargas
Archivo
 
Contactos
Foros
Enlaces
Correo
 
Titulares en RSS
Agregá los titulares de las actualizaciones de cada semana via

¿Qué es y cómo funciona el RSS?

 
 
Google
Web
ElMounstruario
 
 
Interludio: Sandra

Era tarde y quería regresar a Tegucigalpa, frustrado por no haber encontrado a ninguna de las personas que quería entrevistar, así que caminaba a buen paso casi sin observar el paisaje que rodea el ondulante tramo de carretera asfaltada. El desvío hacía el municipio de "La Venta" en Francisco Morazán esta rodeado de árboles de mango, eucaliptos y pinos, así como arbustos de todo tipo.

Después de un momento noté que una niña pequeña, realmente pequeñita, flaca y con uniforme de escuela, hacía notorios esfuerzos por alcanzarme. Curioso, reduje mis zancadas y le dejé a ella la responsabilidad de iniciar conversación. No tuvo ningún problema.

"Hola" me dijo con alegría, sin timidez alguna. "Hola" respondí sonriendo, ganado inmediatamente por su sonrisa franca y ojos inteligentes. Me tocaba a mí: "adónde vas tan a la carrera?" . Ella rió más "a mi casa, y adonde voy a ir?".

Pensé: "tocado!, nada como burlarse un rato del citadino". Sandra, porque así se llamaba, llevaba un cuaderno viejo y grande, cuaderno único le llamábamos cuando yo iba a la escuela. Estaba claro que era muy pesado y lo cargaba con cierta incomodidad, tratando simultáneamente de arreglar la vincha que sostenía su largo pelo. "y usted pa´dónde va?". Era nuevamente mi turno "a mi casa, y adonde voy a ir?" , y ahora los dos nos reímos.

A partir de ese momento, conversamos con confianza mientras caminábamos. El camino serpentea por unos buenos 20 minutos, caminando despacio, hasta llegar a la carretera principal que une a Tegucigalpa con la zona sur del país. Sandra tiene sólo 8 años y estudia ya en cuarto grado de primaria "una vez me fui a escuchar las clases y le entendí, a todas les entendía, entonces los maestros me promovieron y estoy en cuarto grado" me explicó.

Paramos en una pulpería, ya cerca del desvío. "¿Querés un refresco?" le dije, pues quería seguir platicando. "¿usté invita?". Afirmé con la cabeza "y porque no mejor me compra un lápiz tinta, éste ya no sirve". De buen agrado le dí dos que cargaba en la mochila. Ella continuaba sonriendo: "entonces siempre invíteme al refresco".

Me explicó que su hermano había dejado de estudiar, y trabajaba ahora en una milpa, propiedad de un finquero importante en la comunidad. "y tus papás en que trabajan?". Me miró, ahora un poquito seria "se mantienen en la casa, mi papá no encuentra trabajo". Sandra tiene 6 hermanos, el mayor –trabajando en la milpa- y los demás menores que ella.

Le expliqué los motivos de mi presencia en su comunidad. "Debería venirse por mi casa, pa´que vea como estamos en la aldea". Su aldea se llama "Las Lajas". Queda a 2 horas de la escuela, en la montaña. La ví como dudando que una niña tan pequeña, tan delgada, caminara todo eso.

"¿Y te venís caminando?" Yo solo lo había hecho unos 25 minutos y me sentía cansado y sudoroso. "Si, camino dos horas para venir, y otras dos horas a la ida". Cuatro horas, cuatro horas cada día, 5 días a la semana, pensé. Y sentí admiración: "vaya, aguantas bastante vos".

Quizá por que se sintió halagada y quería impresionarme me explicó todo su itinerario diario. Se levanta con su mamá y una hermana más chiquita, de madrugada, para hacer oficio en la casa. Después hace la comida para su papá y su hermano mientras la madre atiende a los más pequeños.

A las 5 de la mañana emprendía su caminata de dos horas para llegar a la escuela. Y poco después de medio día regresa, otras dos horas, a casa. Ahí tiene que cuidar a sus hermanos pequeños y después hacer la comida nuevamente "pero estudio todos los días" me dijo, "aunque se me haga tarde". Ahora si, se puso totalmente seria "yo voy a estudiar para profesional" aseguró "voy a ir a la universidad". Le creí.

Llegamos al desvío y esperó mientras llegaba mi bus. Cuando nos despedimos, y mientras me guiñaba un ojo con picardía, me dijo en voz alta, para que escucharan los pasajeros "mañana le cuento a mis compañeras de clase que tengo un novio chele". Por mi parte, mientras buscaba asiento en el apretujado bus -no había- mantenía una sonrisa entre los dientes. Sonreía aún al llegar a Tegucigalpa.

Horas después alguien me preguntó porque andaba de tan buen humor:

"Tengo novia" contesté "y es toda una profesional".

 

Autor: Sergio Fernando Bähr


inicio   -   regresar -   arriba
 
Comentario y opiniones a
2005-2006 ElMounstruario.com