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¿Y quién piensa en mí?

Un testimonio personal sobre el aborto en Honduras

La libertad es un derecho de todos. Los seres humanos tenemos derecho a ejercer la libertad en todos los sentidos posibles. Pero ¿realmente tenemos libertad?

Cuando se dice que hay un límite a la libertad ¿Quién fija ese limite? ¿El derecho de los demás será ese limitante? ¿el conocer como ejercer esa libertad será ese limite? ¿Será que el privarnos de conocimiento sobre nuestras competencias es privarnos de libertad? ¿Quién puede estar seguro de ser libre realmente? ¿Quién vive realmente en libertad?

Partiendo de esto me uno a este foro solicitando mi derecho a ejercer la libertad para expresarles una verdad: mi experiencia. Porque es la verdad que puedo estar segura de conocer en esencia y porque, además, sobre este tema es mejor hablar a través de tu propia experiencia.

Soy una mujer de 28 años, estudiante universitaria y madre de dos hijos. Tengo sueños, aspiraciones profesionales y familiares. He luchado por lo que tengo y he trabajado duro por obtenerlo, y hasta ahora me siento bastante satisfecha con los resultados. Pero pasé por una experiencia realmente difícil y traumática: un aborto.

Es un terrible sentimiento de culpabilidad el que se apodera de tu mente, cuando al enterarte de tu estado no lo querés aceptar. Todo el día estas escuchando en la calle a tu alrededor a la gente hablar y hablar sobre el tema y juzgar y condenar este acto. Es tan fácil estar del otro lado. Para que todos sepamos de que estamos hablando, empezaré por dar una definición: según el Diccionario Mosby de la editorial Océano aborto es "la interrupción espontánea o inducida del embarazo antes de que el feto haya alcanzado un grado suficiente de desarrollo como para poder sobrevivir fuera del útero".

El aborto inducido es la INTERRUPCIÓN INTENCIONAL del embarazo en la que los productos de la concepción no se expulsan completamente. Con frecuencia provocan hemorragia y el tratamiento consiste en la evacuación por legrado, la administración de oxitocitos y la reposición de sangre según sea necesario. Podría definir todas las clases de aborto que hay, pero es innecesario hacerlo aquí porque no es el caso, más bien lo que debe llamar la atención es el último de los conceptos: el aborto criminal que según el Diccionario es la INTERRUPCIÓN PROVOCADA del embarazo en cualquier circunstancia prohibida por la ley.

Es aquí donde radica todo el meollo del asunto. Es penado por la ley que una mujer no desee continuar con el embarazo. Existe un conjunto amplísimo de artículos en las leyes nacionales que respaldan la condenación de este "delito" y se le considera criminal a la mujer que lo cometa.

En todos los abortos, espontáneos o inducidos, la mujer sufre pérdida de sangre, y tiene riesgos de morir si no se le atiende adecuadamente. Actualmente en los hospitales públicos y privados, así como en las clínicas generales la atención adecuada del aborto espontáneo es efectiva si la paciente es atendida rápidamente. Generalmente, los familiares de la paciente le acompañan y por supuesto su cónyuge también y esto ayuda a que la paciente no se angustie por la situación y su vida no corra ningún peligro.

La mayoría de las mujeres que nos provocamos un aborto, no asistimos a los centros médicos públicos por temor a ser descubiertas y ser denunciadas a las autoridades. En estos casos nos quedamos en casa y sufrimos terribles dolores y hemorragias que ponen en riesgo nuestra vida. Pero algunas veces ese temor a morir es más fuerte que el miedo a la cárcel por lo que buscamos ayuda medica en los hospitales públicos, donde somos recibidas y tratadas. Pero cuando hay sospecha de que el aborto es provocado, la cosa cambia.

Te tratan muy mal alegando que ellos están en el hospital al servicio de los pacientes buenos no de los criminales, y te agraden verbalmente, te amenazan con denunciarte y con dejarte morir. Tanto los médicos como las enfermeras hacen lo mismo de tal manera que una opta por huir de las emergencias cuando ve la hostilidad de que está siendo objeto. Sumando a esto el hecho de que la mayor parte de las veces carecemos de medios para ser atendidas en una clínica privada y al mismo tiempo estas clínicas se niegan a atender a una paciente que se ha provocado un aborto por temor a las autoridades.

Todas estas peripecias tiene que vivirlas la mujer a solas. Sin poder decirle a nadie lo que está sucediendo. Una se encuentra a merced de practicantes sin escrúpulos que aprovechándose de la clandestinidad y el anonimato se dedican a practicar indiscriminadamente abortos sin ninguna medida de higiene. La utilización de instrumentos sin las medidas hospitalarias de higiene provocan terribles infecciones post-aborto en los órganos reproductivos y muchas veces los dañan permanentemente. Además, hay riesgo de contraer enfermedades porque ni siquiera tienen el cuidado de limpiar adecuadamente los instrumentos quirúrgicos entre una paciente y otra.

Miles de mujeres han muerto bajo estas circunstancias y muchas van a morir; entonces, ¿Dónde está la moral de esta cuestión? Porque mejor no preguntarse si los derechos de la mujer son un tema reciente en nuestro país, ¿Cómo es que las leyes que condenan el aborto existen desde mucho antes?

La mujer en estas condiciones no tiene la libertad de decidir pues la sociedad la condena por dudarlo incluso. Si lo acepta sufre muchas consecuencias porque dicho sea de paso, a la mujer embarazada tampoco le respetan sus derechos (y eso porque yo también lo he vivido por partida doble), no le brindan la atención de salud adecuada, ni le dan el trato propio de su estado. Tiene que asistir a consultas a las 5:00 a.m. para poder obtener un cupo y hacer toda la fila desde esa hora hasta el momento en que la atienden, y toda esa espera dura a veces toda la mañana o toda la tarde. Y que conste que esto sucede en el IHSS, ni que decir de lo que pasa con las que asisten al Hospital Materno Infantil, donde ni siquiera tienen batas para las que están en labor y parto y esto lo hemos visto en los periódicos que a veces muchas tienen a sus hijos en el piso de la sala de emergencia. Entonces, ¿Dónde esta la moral de esta cuestión?

Si la mujer no acepta, entonces sufre todos los improperios de la sociedad, la juzgan y la condenan, su familia no la apoyará, sus amigos la ven como una delincuente, porque nuestras leyes la hacen ver como tal. CRIMINAL dicen, porque ha sesgado una vida, y yo me pregunto ¿y la vida de ella? ¿Quién piensa en ella?

Solo un ser obcecado, fanático y ultramoralista puede pensar que una mujer disfruta hacer esto. Ni siquiera se imaginan la angustia, incertidumbre y temor que se experimenta el saber que te vas a someter a una intervención donde te podes morir allí mismo, y sin tener el derecho de llorar, gritar o recibir apoyo mientras lo hacen. Es tan doloroso que cada minuto que pasa se te hace eterno y en ese momento deseas con todas tus fuerzas nunca haber nacido. No tienen ni la más remota idea de lo que se siente estar tan sola que ni siquiera podes escuchar tu silencio, y como crees que sos culpable ni siquiera sos capaz de consolarte a vos misma. Te sentís como la peor de las criaturas, monstruosa y malvada, cruel y sucia, y esos sentimientos te hieren por el resto de tu vida.

No me interesa justificar lo que hice, lo que me interesa es saber que hay personas que me pueden ayudar a dejar a un lado esta pesadilla y a no sentirme sola con esta carga. Por lo menos se que alguien me entiende y por lo menos se que hay personas que no me consideran una criminal. No me imagino nada con respecto a un castigo, más bien me da rabia saber que las mujeres tenemos que pasar por algo tan espantoso como esto.

Señores, ¿como es que hablamos de derechos humanos? ¿Cómo es que hablamos del derecho a la vida? ¿Acaso el maltrato y la violencia doméstica son vida? ¿Acaso la pobreza, el abandono, las violaciones, las privaciones que sufren las mujeres son velar por sus derechos? ¿será que la discriminación laboral e inequidad de genero no son también violaciones a los derechos de las mujeres? ¿Qué más queremos de ejemplo que los genocidios ocurridos en Irak y Líbano? Y a los responsables de estas guerras no se les condena por esto, al contrario se les condecora con medallas y reconocimientos. La doble moral siempre está a la cabeza.

Solo quiero que reflexionen en mi experiencia y que piensen en mi por un momento; tomar esa decisión no es fácil y aunque eliminen las leyes que lo condenan, no por eso será más fácil; pero por lo menos tendremos apoyo emocional y psicológico, atención medica adecuada y el trato justo y respeto que merecemos como personas.

FIN

 

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