El Daguerro: Pancarta para las Señoras Representantes
El pobre, extranjero en su patria. PROVERBIOS.
A doña Estella:
Pobreza con dignidad durante 84 años.
Si hay algo que ustedes representan (y esto no lo intuyo)
es la vitrina de la corrupción…
Miren el rostro de la que depiló sus cejas
con todos los filos de la desesperación. Mírenlo fijamente.
Dudo en infinito que ustedes podrían tener
algún instante de tristeza
agitada, profunda y plácida a la vez
en la mirada, como la de esa joven mujer.
Nadie me lo ha dicho, sólo lo intuyo
(ya se sabe, los hombres pensamos con dos cabezas
y eso parece volvernos idiotas al acercarnos
al abismo de la ternura en las mujeres).
Lo intuyo, nadie me lo ha dicho, decía…Pero ustedes
no representan a nadie,
a nadie más que a ustedes mismas.
A menos que sus vulgarmente elegantes maridos,
enfundados en fundas para almohadas Armani
sean sus representados;
o que lo rechoncho del entorno
en el que se manejan (Path Finder, Mercedes, Four Runner)
sus hijos blanquísimos como la cal, gorditos
como los pets de cinta rosada en rosado pescuezo,
sean sus representados jamás amamantados;
o que representen con amaneramiento, el delicado cuello
del cisne de sus manos, al tomar las viandas y las copas
en las fiestas diplomáticas, en los pijama partys,
en los baby showers;
en la lujosa bacanal de las comadres
donde la más fina gama de la hipocresía estila
la dulce voz de las confidencias, en contra de sus madres
y de las madres de sus amigas.
A menos que su cultura de Reader Diggest y Cosmopolitan
reclame el gesto de disgusto por el original modelo mal lucido,
con tan pésima clase, por la grindia Jennifer, en la gala de los Óscares;
y que su reducida lista de adjetivos tenga filas,
magra una, glauca otra, para referirse a sus sirvientas
o a las amigas de sus esposos,
con el mohín de desprecio subrayado en la primera
y la impotencia y el odio en la segunda.
No me parece, no,
que ustedes representes a mujer alguna.
Porque si así fuera, representarían
a la tortillera, a la joven hedionda con cachetes embarrados
de belleza solar
que vende frutas en el mercado;
porque si así fuera, representarían a las mujeres niñas
que se prostituyen
para darle de hartar a sus hermanos;
porque si así fuera, representarían a la campesina que huele
a masa nixtamal, a frijoles frescos y a sopa con garra;
porque si así fuera, representarían a la madre soltera,
a la novelera sopapeada y abandonada,
que ama profundamente al bolo cabrón de su marido,
con más ahínco y fuerza de los que ustedes juntas
jamás podrán amar, ni aunque abran todos sus bultos de seda,
en los agachones de las cofradías secretas
con password y pedigree…
Porque si así fuera no se regodearían en su religiosa caridad
para dormir el sueño de las justas;
no alargarían la ignorancia de la pobreza,
que tiene sustantivos de mujer;
no mandarían a sus criadas a tomar cursos
(¡Oh, cómo sois de bondadosas!) de costura
para que remienden calcañales y virgos rotos ocultos
por la negra honrilla;
para aprender a cocinar mejor en la blanca línea superlux;
para lavar mejor, para trapear mejor, para sudar mejor, para encerar el aire de las salas que hacen juego
con el cuadro recién comprado al pintor de fama de turno,
clavados sus colores con fineza de bronce
en la pared pastel y (¡horror de los horrores!)
con las plantas de interiores.
Porque si así fuera, representarían a las indias descalzas
que encogen su estatura en la medida contraria
en que vuestros maridos, ladinos terratenientes, extienden sus tierras
y enferman con su gripe extranjera a los indios jucos.
que mueren lentamente como su ancestral lenguaje,
y se arrinconan con los animales sin selva
donde sus hijos nacen sordomudos…
Porque si así fuera, representarían a la mujer oronda,
la de la piel negra y alma blanca, que come casabe y bebe guíffiti
con sus negros pescadores que suspiran
el aire suave de la madrugada para oler el perfume
de su Níger antiguo…
Porque si así fuera, representarían a las niñas famélicas
que reciben clases debajo de un madreado,
con la lluvia en el alma, con el hambre en la espalda,
con el recuerdo de la última violación y el desapego
de su desconocido padre y la tisis de su madre.
Porque si así fuera, representarían a las mujeres migrantes
que mueren ultrajadas y asesinadas en los crueles
desiertos de México, junto al muro nazi de la infamia
regados sus huesos y mezclados con los huesos
de los perros salvajes
enfrente de las narices de los border patrols.
Porque si así fuera, estarían representando a niñas dignas
y orgullosas de los símbolos patrios; los mismos
que les dan de hartar en las escuelas de su sistema;
orgullosas de ser hondureñas, de ser mujeres
y oler a rosas del campo;
y no guiñapos que extienden la manita
para pedir un cinco, en esas calles, bajo esos semáforos,
en estas ciudades, de este país de mendigos indignos
que ustedes y sus políticos maridos
están (iba a decir esculpiendo) escupiendo.
Si hay algo que ustedes representan (y esto no lo intuyo)
es la vitrina de la corrupción…
No lo intuyo, lo sé a ciencia cierta.
También lo digo, los hombres creemos que las mujeres
son animales inferiores, “de cabellos largos e ideas cortas”;
pero tratamos de amarlas en su pobreza extrema,
no porque son mujeres sino porque son pobres. No.
Ustedes sólo se representan a ustedes mismas.
Porque ustedes son las que llevan en extremo la “vida alegre”
Y no las putas ajadas, las supuestas mujeres por ustedes representadas.
Y algo más intuyo, ni siquiera sé si será cierto (ya lo dije, pensamos sólo con la de
abajo…)
Son ustedes tan bellas, perfumadas y limpias que no me parece que sean mujeres, son figuras de sal, son rocas
azules,
son piedras rojas que nunca servirán para la obra de arte
que es la escultura divina de la mujer trabajadora;
de la que en los buses saca su teta para dar de mamar
a la bichita dormida que suspira suave
como una flor recién abierta, que dormida sonríe
porque sabe que lleva
el mismísimo nombre de su madre.
El Daguerro
(*) Pancarta para grafiti en verso.
(8 de marzo. Día universal de la mujer).
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