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El menester evaluativo y la fluctuación social

Leonardo Efraín Turcios Jiménez

La evaluación es un menester amplísimo, compendiador y compilante de una gama de proyectos a priori del logro educacional integral. Por consiguiente, me remito, de una manera efusiva, a hilvanar categóricamente las coyunturas y disyuntivas acaecidas sobre el acto evaluativo, sobremanera, las referentes a la complejidad humana y sus interrelaciones, las sociedades.

Seré enfático en las concepciones educativas, y por ende evaluativas, que han emergido de contextos históricos influyentes, que han sobrevivido como flagelos o como impulsores de éstos.

Dentro de las ciencias sociales el enfoque histórico es preponderante, el estudio de los sucesos, acontecimientos y períodos de las sociedades es significativo, por ejemplo, la sociología me es una arma auxiliar y prioritaria hacia la búsqueda de tendencias que diagnostiquen el devenir del hombre como ser social, el accionar de éste bajo premisas interrelacionales e interactivas, bajo acontecimientos revolucionarios, cataclísmicos o, simplemente, bélicos. Por lo cual, el estudio educativo y su compañera ineludible, la evaluación, evidencian los trastornos de las sociedades y su necesidad férrea de buscar modelos educativos acorde a la historiografía suscitada.

Al parecer, en la actualidad, en la contemporaneidad, está en boga la aplicación de modelos clásicos trascendentales, por tanto, aduzco que el clasicismo es una tendencia inagotable, perpetuable. Si tomamos en cuenta la doctrina pragmática focalizada a la educación, la incitación acaece en la práctica, o sea, que los fenómenos se validan a través de su utilización práctica como instrumento resolutorio de problemas, en contraposición de lo teórico. Este pragmatismo sigue vigente en la actualidad sólo que en conjunción con lo abstracto o conceptual, ejemplo de esto es la impartición de la asignatura de Teoría y Métodos de Investigación Educativa (UPNFM) que conjuga tanto lo cognoscitivo-teórico como lo pragmático-práctico denotado por lo abstracto-conceptual y lo práctico-realidad respectivamente.

Esta adhesión es vigente y veraz en tanto que procura insertar la investigación de manera fehaciente en la educación en pro de su integralidad.

Si el análisis se centra en las doctrinas cognoscitivistas, el superlativo se ubica en la cognición, en la epistemología, en la adquisición de conocimiento, en el aprendizaje abstracto, en el desarrollo intelectual, etcétera. Aparentemente es coartante al minimizar la enseñanza y el aprendizaje a una mera acumulación teórica, no obstante, la teorización es fundamental como proceso jerárquico inicial para optar hacia otros procesos como la aplicación, comprensión, aprehensión y otros más complejos como la extrapolación, reflexión, investigación y criticismo.

Es notorio que tanto el cognoscitivismo y el pragmatismo en términos educacionales son doctrinas complementarias en la actualidad, aunque en su contexto histórico se les consideró una la némesis de la otra y viceversa. Empero, el cientificismo vino a ligarlas para sacar el mayor provecho en un sinnúmero de tópicos como el educativo. El cientificismo apela a la formulación de teorías que expliquen los fenómenos universales, a la comprobación de dichas teorías a través de hipótesis, tendencias y asociaciones para su posterior aplicabilidad y resolución de problemas convocados por el hombre, ya sean éstos ociosos, superfluos o necesarios.

Con respecto a la evaluación, que la interpreto como un mecanismo retroalimentador, orientador del proceso enseñanza-aprendizaje para cuantificar y cualificar el proceso educativo a través de la optimización de los objetivos; es inherente a la educación, por lo tanto, estas concepciones educativas expuestas apelan también evaluaciones recíprocas a ellas.

Por ende, se alude que la evaluación tiene tendencias pragmáticas, cognoscitivistas, conductivistas, cientificistas, entre otras. Una evaluación pragmática está conminada a la utilización de técnicas, procedimientos, funciones y artificios que promulguen la practicidad, la aplicabilidad, con el fin de lograr los objetivos pragmáticos requeridos y que induzcan en el discente patrones de resolución de problemas. Por otro lado, las tendencias conductivistas en la educación y el aprendizaje conminan a la evaluación a encaminarse a ese fin, el cambio conductual, la transformación conductual, que mediante los objetivos y el factor estímulo-respuesta repercute en el aprendizaje del discente. Y así, podría dar una retahíla de acepciones concernientes a la inherencia entre la educación y la evaluación, sobre todo, que la influencia acarreada en la educación debido al contexto histórico de suscitación formulará tendencias educativas acorde a los procesos sociales y, debido al principio de inherencia, también tendencias evaluativas acorde a dichos procesos sociales y tendencias educativas.

Lo anterior argumenta un silogismo implícito e intrínseco, en tanto que lo ocurrido en la educación consecuentemente es de significancia para la evaluación, así como las vicisitudes sociales en su contexto lo son también.

Por obviedad, me insto a tratar el asunto social, no como un acto de organización, interacción o interrelación entre individuos, sino como acotación de esa confluencia humana y sus repercusiones que evocan culturas e hitos trascendentales en consonancia de nuevos accionares que provocan cambios de pensar tanto en lo psicológico como filosófico y, que por consiguiente, pueden acontecer en paradigmas.

Las sociedades irradian su complejidad por medio de sus integrantes, seres gregarios, sociales, conflictivos y pacíficos, o sea, fluctuantes, con caracteres y personalidades contingentes, azarosas, en donde la ciencia quebranta su rigidez y aprehende otras formas de teorizar e hipotetizar, por eso, en las ciencias sociales se da cabida a las tendencias y asociaciones, por otra parte en la ciencias naturales a las teorías puras. El ser humano es impredecible, funge bajo premisas psíquicas, filosóficas, morales y coercitivas; los hitos de la historia están plagados de estas aseveraciones. Ejemplos fidedignos de dichas aseveraciones son: el papel que ejecuta y ejerce la religión, como convicción cultural, en el accionar social como ser la contrariedad y disputa entre Oriente y Occidente; el papel subordinante empleado por algunos gobiernos a través de ideologías coercitivas, con el afán de subyugar el proletariado, el lumpen, a favor del capitalismo emergente; etcétera. La sociología, como ciencia social que estudia de manera acuciosa las convulsiones humanas y formas organizacionales, es una clara remembranza de las fluctuaciones sociales, fluctuaciones que se materializan en contundencias educativas, en modelos pedagógicos.

Un ejemplo fehaciente es la obra de Paulo Freire, La Pedagogía del Oprimido, la cual busca la libertad del hombre alienado. Fue una influencia tanto en la educación como en la enseñanza dando un hálito al bloque popular brasileño. Exaltó la democracia al brindarle la palabra al pueblo, conceder la participación ciudadana, ejercer la ciudadanía, reprimir la dominación, abolir la opresión y catapultar la equidad, todo únicamente por vía de la educación. "Existe un pensamos y no un yo pienso" (Freire, 1982) Esta frase evoca una dialéctica crítica, el criticismo es una condición inherente tanto de la educación como de la evaluación, para establecer una transformación de la realidad. El ser crítico incita a la reflexión, crea conciencia de la realidad.

Actualmente, los paradigmas que se estilan surgen de la convulsa sociedad, de la escisión emanente de toda sociedad, de las ideologías incisivas gubernamentales y de la modernidad progresista, por tanto, emergieron paradigmas tradicionales, tecnológicos, integrales y otros, con permanencia contemporánea.Aquí la evaluación juega el papel rotundo ya que el proceso educativo se hace patente mediante ésta. La utilización de una evaluación eficiente reflejará un proceso educativo eficaz, sino, dará como producto pusilanimidad y mediocridad tanto en el docente como en el discente; por supuesto fracasará el proceso educativo.

El compromiso vehemente es la inserción y predominancia del paradigma integral como modelo totalizador que enmarca y reivindica el acto evaluativo al emular patrones loables de competitividad, extensión e investigación, coadyuvando así al holismo educacional, al progreso personal y al desarrollo nacional.

Por tanto, con este ensayo, mi avidez se soslaya hacia la evidenciación de la relación estrecha entre el menester evaluativo y las fluctuaciones sociales, fluctuaciones que denotan convulsiones sociales enriquecidas de coyunturas y disyuntivas, fortuitas o no, esbozadas y tangibles en colaterales educativos, y por consiguiente, evaluativos estilados por el contexto histórico. La prerrogativa se connota en el estudio de ese contexto histórico, el cual, nos ilumina e ilustra tanto en lo social como educacional y su posterior influencia acarreada hasta nuestros días, lo cual nos explica el acontecer y accionar vicisitudinario del menester evaluativo aquí y ahora.

 

Bibliografía

  • Álvarez, Rita. "La Evaluación Educativa" HACIA UN CURRÍCULO INTEGRAL Y CONTEXTUALIZADO; Págs. 122-168.
  • Freire, Paulo. LA EDUCACIÓN COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD; México; 1982.
  • Ritzer, George. TEORÍA SOCIOLÓGICA CONTEMPORÁNEA; Madrid; 1993.
  • Santos Guerra, Miguel Ángel. EVALUACIÓN EDUCATIVA 1: UN PROCESO DE DIÁLOGO, COMPRENSIÒN Y MEJORA; Argentina; 1996.
  • Suazo, Martha Dalila. EVALUACIÓN EDUCATIVA; Honduras; 2004.

Una colaboración de Leonardo Efraín Turcios Jiménez

 

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