|
La medicina en manos de los mentecatos
![]() Hannibal Lecter es "doctor" también... Honduras es un país de criminales y delincuentes. Los grandes se protegen entre si por medio de pactos de no agresión, algo así como los que se producen en las grandes cárceles en que mafias tienen que cohabitar en conjunto siempre dominando el mercado paralelo de los ilegales abusos sociales. Los pequeños delincuentes nosotros los mortales pobres, preferimos el caos. Taxistas que queman llantas, aldeas que se toman carreteras, profesores que disfrutan de inmunidad laboral garantizada para no trabajar y hacer huelga al estilo de la constitución, siempre lista para ser violada cuanto sea necesario. Pero lo inaudito, lo jamás visto por nuestros ojos ya completamente vacunados contra todo tipo de eventualidades es que los médicos cierren todos los servicios esenciales para disfrutar de una celosa parranda de quienes son mejores "médicos" los de Fidel o los del patio mondonguero. Los matasanos de hoy no saben que hace muchos años los peores estudiantes de medicina que no lograban buenas notas en la facultad de medicina y cirugía de Honduras se iban a dos países de mediocre reconocimiento internacional académico, España y México. Regresaban con sendos diplomas de doctores graduados y de inmediato se construían cliniquitas de mala muerte donde los pobres por dos lempiras nos curábamos las enfermedades venerias y otras venales y veniales. Jamás los médicos auténticos se lanzaron a una guerra fratricida contra sus "colegas". Nunca Drs. como Nicolas Hodde, Gaspar Vallecillos, Roberto Lazarus, Pilo Hernández, y otra tonelada de grandes médicos hondureños abandonarían los hospitales para irse a una huelga general, hacerlo representaba ir en contra de lo mas sagrado de la profesión apostólica, como es la de salvar vidas las 24 horas sobre 24. Ramón Custodio es pieza viviente de aquellos grandes maestros del escalpelo y el catéter que entraban al Hospital general San Felipe de seis de la mañana hasta medio día para recibir una interminable lista de pacientes que llegaban de todas las ciudades pueblos y aldeas. Allí Luís Callejas y Nicolas Hodde uno junto al otro operando, curando, revisando, dedicados en alma y corazón a cada paciente por un salario significativo; para luego de una pausa alimenticia correr a servir cátedras de medicina a los nuevos y orgullosos galenos en formación que silenciosos escribían en detalle cada palabra, cada movimiento de aquellos expertos sabios de los secretos de la farmacología, la cirugía, la anatomía y todas las patologías. Luego de terminar las clases nuestros grandes Doctores se dirigían a sus clínicas privadas que por lo general recibían después de las tres de la tarde donde los escasos pacientes con dinero pagaban por servicios sin demoras a precios establecidos por un Doctor con sentido social. Abandonando precipitadamente sus clínicas los médicos terminaban en los hospitales privados, y allí operaban a pacientes en mejor situación económica con instrumental de mejor calidad. Conocí un gran medico Hondureño que toda la mercadería de muestras medicas las guardaba cuidadosamente y tenia una habitación completamente dedicada al servicio farmacéutico gratuito para sus pacientes mas pobres y sin capacidad económica de pagar. Por lo general el día de un medico Hondureño terminaba a las diez de la noche hasta que no era muy común que una madrugada sonaran golpes en la puerta principal de su casa con un paciente moribundo que necesitaba atención urgente en el vecindario, y allí dormilento iba el medico divino y amado dejando al sabor de lo mas confiable de la sociedad. Los pobres nos sentíamos muy orgullosos de ser amigos de un medico. Era tener una seguridad de conocer a alguien límpido, puro. Honesto, diligente. Grande, honorable, distinguido, confiable, y sobre todo solidario. No creo que los pobres de Honduras tengan el mismo sentimiento hoy por esos cerdos que se llaman médicos y dejan abandonados los hospitales con una tendalada de graves enfermos que podemos ver por los diferentes medios de comunicación. Jamás en ningún país del mundo, ni en Irak que observamos los médicos corriendo como locos tratando de salvar vidas en condiciones paupérrimas, ni en Gaza donde niños amputados son salvados por galenos que son los primeros humanos en sufrir todo el trauma del horrible apestoso deporte criminal de asesinar. Y tampoco en Canadá lugar donde los médicos también se van a huelgas, no sin antes estar seguros que ningún paciente, ningún enfermo, ningún hospital quede abandonado sin servicios prioritarios a la población, porque de lo contrario el Estado y gobierno tiene el derecho legal de crear leyes especiales para proteger los intereses públicos humanos. En Honduras, país de las maravillas, poco importa la vida humana. Lo que importa es el orgullo, la prepotencia, el abuso, el autoritarismo, el sectarismo. etc. todos esos vicios del subdesarrollo que no nos permiten realizar la mas gran obra, que es la de construir un ciudadano con deberes y derechos. Mañana acusaremos Fidel Castro y la revolución Cubana por el desastre en el sector hospitalario, y al imperialismo yanqui por no haber destruido a la revolución cubana en aquel desastroso ataque de bahía de cochinos, solo que al final de la historia los cochinos aquí son la nueva generación de medicuchos hondureños. Emilio Guerrero "mecate"
Comenta este aporte en los foros |
|||||||||||||||||||||||||||
| Comentario y opiniones a
|
||||||||||||||||||||||||||||