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Esquela para Paris Hilton en relación con el carpe-diem
El Daguerro Lo último que se ha sabido de tus geniales hazañas, chica macpato, es que orinaste completamente ebria dentro de un taxi, y dejaste un cúmulo tan apestoso de tu ADN sobre la cuerina del asiento que al humillado conductor paquistaní le costó doce potes de lejía y diez horas de su pobre tiempo erradicar el mal olor.
Las líneas de tu cuerpo no aspirarán nunca a sugerir reflejos sexuales; porque solamente son sexys aquellas mujeres que conocen la vieja magia mecánica y física de la electricidad permanente del principio de ondulación de Marcel y tus movimientos, como pudo comprobar la última víctima de tu incontinencia se parecen más a los espasmos de una hiena a punto de morir que a la coquetería. No vas a llamar la atención de nadie, porque ese supremo propósito del ego mal entendido sólo puede ser esgrimido por alguien que desea colaborar con el devenir inmediato del futuro y tú, según se ve, no tienes ni siquiera el ego del más imbécil de los infatuados. Tu vulgaridad es tan evidente que ya pasaste a ser la diez del hazmerreír en el Top de las mucamas y los valets, especialistas en catalogar ese mal gusto en el vestir, en el hablar y en el actuar de sus amas, desde la consolidación del sistema capitalista, cuando eran esclavas y mayordomos en el Sur algodonero. Sólo queda decirte lo que realmente correspondería a tu personalidad, en el supuesto caso de que la tengas, y eso es que bebes como un cosaco y orinas como su caballo; que te usan los dealers para venderte caquevaca en lugar de marihuana; bicarbonato en harina, en lugar de cocaína y piedra de alumbre, en lugar del crack residual del sur del Bronx que consumes antes del desayuno, todo ello después de introducirte botellas usadas de cerveza por todos los orificios en los más hediondos rincones de los cagaderos de los bares olvidados por la magia nocturna del cálido I lovnuyork. Que no tienes vida pues naciste muerta; que eres la viva imagen de la ramplonería en la orilla de la sinonimia, o sea: tosca, inculta, charra, adocenada, grosera, desaliñada, ordinaria, pedestre, zafia, chabacana, cazurra, baja, común, corriente, cursi, inelegante, mediocre, soez, prosaica, chocarrera y de la más tufosa pacotilla, tan propia de la cúpula social que es la alcantarilla de donde en mala hora te escurriste. Sólo tienes algo a tu favor, niña macpato, y eso es la admiración de las pepillas ricas de todos los confines hasta el último, como lo es el confín de la clase millonaria hondureña. Pero no te afanes, porque en el privilegio de la admiración de éstas está en primer lugar el raeguetón, por lo que tiene de glorificación del almizcle en el tufo del perreo en celo. PD. No te preocupes en buscar la solidaridad de tu hermana porque ésta te odia en secreto
y en público y no halla el momento para demostrar ante tus amigas el más profundo
desprecio que desde que ambas nacieron, te prodiga.
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