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El papel de la educación y de la inserción investigativa
Leonardo Turcios Jiménez Es destacable el papel significativo que tiene la educación en la formación y transformación del hombre, de una sociedad y de un país. A continuación esbozaré el accionar educativo desde una perspectiva democrática, connotando sus facetas y el rol transformador que conlleva. También, trataré la inserción investigativa, como un asunto que nos incumbe a todos, como un proceso que enriquece la educación y como un generador del progreso social, por tanto, averiguar cómo la investigación contribuye en el proceso enseñanza-aprendizaje y cómo la investigación social trata de explicar y predecir los fenómenos sociales. Vivimos dentro de una realidad social que es objetiva, que es verdadera y que es observable, por consiguiente, destacar la significancia de la educación para lograr el progreso social a través de la inserción investigativa en pro de lograr el holismo educacional. Durante la vida estudiantil, y la vida cotidiana también, se nos ha enseñado que la educación es un proceso de perfeccionamiento de la persona; implica doble faceta, individual y social, o sea, un proceso que se fundamenta en la transformación cualitativa del individuo, en el cambio de conducta, en la adquisición de experiencias de aprendizaje que denoten dicha transformación cualitativa. Se podría pensar que la educación se enfrasca en el ámbito individualista, no obstante, el fenómeno educativo ve a sus facetas como inherentes, lo individual no está separado de lo social, puesto que la sociedad está conformada de individuos y que la educación proporcionada a éstos repercute en la sociedad o en la sociedad que se desea en una nación. Bolaños 1990:18) argumenta que "la educación como fenómeno social es producto de la interacción de ciertos factores esenciales, entre ellos: el desarrollo del país, la disponibilidad económica, el nivel cultural, la demanda educativa social y las políticas de Estado"; en consecuencia, la educación implica una transformación social surgida desde lo individual, por tanto, dichos factores esenciales denotarán los rumbos educativos de un país. Es meritorio destacar que la educación cumple con premisas tanto políticas como culturales debido a su función social, entonces, la sociedad tiene expectativas y demandas acorde a sus necesidades e implicaciones culturales, pero también, funge premisas estatales ya que la educación es responsabilidad del Estado, para lo cual, Bolaños Bolaños (1990: 20) aduce que "la educación es siempre la expresión de una política, explícita o no, entendida como la voluntad del Estado por estimular la formación de determinado tipo de hombre y de sociedad". En el caso de Honduras, la sociedad que la conforma es multicultural y plurilingüe con predominancia mestiza, por consiguiente, requiere de una educación insertora, que coadyuve a la cohesión social, que respete el derecho consuetudinario de cada cultura, que propicie el desarrollo del país y que satisfaga las expectativas y demandas de cada colectividad. Por otro lado, también es parte de un discurso político, por ejemplo, nuestro país lleva a cabo un gobierno que promulga la democracia, para lo cual, la educación funciona como vehículo que aboga por la transformación social y del país a través de la participación, el ejercer la ciudadanía, el ofrecer iguales oportunidades educativas a todos los habitantes de la nación, etcétera; en consonancia, es pertinente el pensamiento de Dewey (citado por Luzuriaga 1968:140) para quien "la educación y la democracia tienen una relación recíproca. No es sólo que la democracia es en sí misma un principio educativo, sino que la democracia no puede durar mucho y menos desarrollarse sin la educación". Así como lo afirman los preceptos de la Escuela Nueva , que rompe con la escolástica, y que en Honduras trata de romper con la educación tradicional anquilosada a través de: la incorporación del discente como centro del proceso enseñanza-aprendizaje, como actor principal, activo y participativo; empleo de metodologías integradoras, activas, reflexivas e investigativas; que el discente sea partícipe de su formación; o sea, aplicar la democracia en el contexto educativo. Claro que todo lo anterior puede ser parte de un discurso demagógico o bien de una incipiencia democrática, o una transición, pero eso es asunto para tratar en otro ensayo. Lo que sí se puede asegurar es que la dinámica democrática sólo puede ser aprehendida y ejecutada por una sociedad en la medida que la educación de un Estado la aplique y la trascienda desde la infancia, o desde contextos educativos, como una manera de inculcar y catapultar dicho valor. Con todo lo antes mencionado se evidencia el valor que tiene la educación tanto en la formación cualitativa humana como en la transformación social, por ende, en el progreso social y el desarrollo nacional. Lo que quiero dar a comprender es la contundente inherencia que existe entre la educación y el progreso social. Parafraseando a Ramos Alvarado (2000:35), se establece que las reformas educativas van acompañadas de reformas en las estructuras sociales, por consiguiente, es misión conminante de la educación formar vías y estrategias para salir del subdesarrollo y de la dependencia. Por otro lado, la inherencia entre el progreso social y la investigación que conjugado con la educación forman ese complejo trinómico, con un engarce arraigado, y con el estandarte de transformación y desarrollo.
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