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La santa inquisición en el Congreso
![]() Brujas y condones: las preocupaciones del congrezoo Nazional de Honduras Víctor Manuel Ramos El Congreso Nacional, frente a la incapacidad de los padres de la patria para resolver los más graves problemas terrenales del país, se está convirtiendo en una institución de caza brujas y se dedica a legislar para que los hondureños puedan tener, en el más allá, en los cielos, la suerte que no les ha sido posible en este valle de lágrimas. Hace algunos días, los señores diputados ocuparon su valioso tiempo, que el pueblo les paga, para discutir ampliamente si se le permitía o no el ingreso a Honduras al anticristo. Tomándose atribuciones que no tienen le negaron el ingreso a estas tierras al mencionado personaje. ¡Vaya preocupación la de estos señores legisladores de un Estado que desde Francisco Morazán se ha caracterizado por ser laico y no tener nada que ver con las iglesias, a tal grado que se prohíbe a curas y pastores aspirar a una curul en el Congreso! Pero además, tal prohibición no deja de violentar los derechos de los seguidores, que los tendrá aquí en el país, de este anticristo, derecho de libre conciencia que garantiza la Constitución. Por otra parte, la persecución es selectiva porque hace unas semanas estuve trancado en una calle de Villa Adela porque el tráfico de la ciudad se paralizó durante más de cuatro horas debido a la prédica que un pastor en el estadio, que vino desde Miami, dizque a salvar a Honduras, lo que ocasionó al país incalculables pérdidas en gasto de combustible, en gestiones y transacciones no realizadas y en tiempo. Pero lo más asombroso, lo que me tiene realmente boquiabierto es la insulsa discusión en que se han enfrascado los diputados, que no fue realmente discusión porque todos fueron coincidentes, en relación con los libros de lectura que se utilizan en las escuelas primarias públicas del país. Unos cuantos cuentos infantiles al estilo de las Mil y una noches o de Patrios Lares de Pompilio Ortega suscitaron airadas intervenciones de parte de connotados legisladores tales como Ramón Velásquez Nazar, Lorena Herrera y Gabriel García Ardón, para solo mencionar unos cuantos, convertidos en adalides del oscurantismo. La mocionante, diputada Doris Gutiérrez, se atreve, incluso, a advertir que tales libros fomentan una conciencia mágica. Personalmente estuve enterado y vinculado con el proceso de preparación de estos libros que fue realizada por una comisión de expertos hondureños con el apoyo de personeros de la Secretaría de Educación de México, en cuyas imprentas se editaron. No hay tales contenidos diabólicos en esos libros, ni cosa que se parezca. Lo que aparece ahí son cuentos que recogen las creencias y tradiciones populares de nuestro pueblo y los personajes que a estos ilustres diputados les parecen diabólicos, no son más que los personajes de los cuentos que escuchamos en la infancia y que hicieron célebres a escritores como Perrault, los hermanos Grim y más recientemente a la autora de Harry Potter. De pronto La cenicienta, La bella durmiente podrían convertirse en lecturas prohibidas. No cabe la menor duda que estamos a las puertas de una nueva inquisición. Hace unos siglos el Obispo Diego de Landa hizo una pira con los libros de los indígenas porque consideró que "no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio". Tal acto de barbarie nos ha privado de un conocimiento mejor de la historia de nuestros antepasados de quienes apenas se salvó el Popol Vuh, Los Anales de los Cakchikeles y cuatro códices. Nuestros redivivos Diegos de Landa ahora se proponen poner en una pira los libros de lectura de los niños de las escuelas públicas, a pesar de la escasés de libros en el país, porque en ellos, según el criterio de los legisladores, "hay cosas del demonio". Por ese camino habrá que prohibir las Mil y una noches, Patrios lares, los libros de Jorge Montenegro, y habrá que montar operativos, tal vez para eso sea útil la policía, para que en los pueblos no se reúnan, alrededor de una hoguera, los cipotes y los grandes, a contar cuentos de la sucia, del duente y hasta del diablo mismo. García Márquez, con su realismo mágico, podría correr una adversa suerte con sus libros en este desventurado país. Sin embargo estos mismos diputados no se enteran de que en las escuelas no hay pupitres, ni maestros, ni tiza, ni adecuadas instalaciones sanitarias, ni agua potable, ni niños sanos, ni bibliotecas adecuadas. Tampoco se entera, y esto es crucial con motivo de la semana Santa, que han aprobado una Ley de Transito que todo mundo, en las propias narices de los agentes de la policía, viola. Y el hambre y la miseria del país, que es una situación más grave - solo vean el caso vergonzoso de Rosa Migdalia- no es cosa del diablo sino de la incapacidad con que nos han gobernado representantes caza bruzas como los que ahora tenemos. Víctor Manuel Ramos
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