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Anécdotas secretas de los músicos de Honduras
Segundo movimiento
Sergio Rodríguez
(Batuta en mano movimiento de primer tiempo) ¡Atención señores! Como les decía, los músicos de Honduras han pasado por un sinnúmero de percances y con su permiso se lo cuento al oído. ![]() Rosuco inició la costumbre de pintar las calles de La Paz en rojo y blanco, Mel la ha continuado y aumentado, vemos aquí el aeropuerto Toncontín pintado de rojo y blanco para la toma de posesión de Mel Mientras caminábamos con los estuches de los instrumentos en mano y el bajista con su imponente contrabajo en la espalda por el centro de la ciudad nos rodeó un batallón del ejercito nacional denominado G16 y con los fusiles apuntándonos nos decían a gritos que nos rindiéramos "están arrestados hijos de puta"; pero mi general, le decía el más elocuente del grupo "somos músicos de la universidad". ¡Ah, ja! ¡lo sabíamos! ¡Uds. son los rojos de ahí, quedan detenidos pendejos!. Cuando algunos de nosotros quisimos abrir los estuches y mostrarles los instrumentos musicales por poco nos dejan ir un cargador de M16. Pero quedó solventado finalmente el bochornoso problema cuando el alcalde de la ciudad llegó a rescatarnos de una inminente desaparición. De regreso a Tegus uno de los músicos muy orgulloso decía "púchica, casi nos convertimos en los primeros héroes revolucionarios desaparecidos de la patria". (Movimiento de fraseo dulce y legato) Entre los músicos de aquella maravillosa época había uno tan enamorado que le decían "malation"; porque no se le escapaba ninguna cucaracha. Una vez llevó al teatro nacional a una bella muchacha que él había conocido en la iglesia. Al terminar el concierto como siempre nos íbamos al BrickBrack de la peatonal a celebrar. Estando ahí, la muchacha muy contenta comentaba que qué lindo había estado el concierto y que era la primera vez que ella había escuchado tantos sonidos juntos. "No creás que no me di cuenta de que te equivocastes" le dijo ella en son de que sí sabía de música. ¿Cómo es eso? le pregunto el enamorado. "Si era obvio, te parastes varias veces, y dejastes de tocar mientras los demás seguían inspirados". Los "demás" hicimos un sonoro silencio que no era ("obvio"), en los descansos de la música. El enamorado era la alegría del grupo siempre andaba metido en percances que endulzaban a la capital. Después de un concierto se había ido en el carro negro y polarizado del concertino, dizque a chaviar. Pasando por las afueras de Bellas Artes se habían detenido a piropear a unas muchachas esculturales que extrañamente departían por ahí y que fácilmente se subieron al carro, una con el concertino en frente y la otra con el enamorado atrás. Muy contentos con la conquista se dirigían a la salida del norte cuando de improviso el enamorado lanzo un grito: ¡párate cabrón! ¡Detené el carro! El concertino nervioso pensando que era un asalto se detuvo inmediatamente. Empujándolas y gritándoles insultos el enamorado logró sacarlas del carro. ¡Vamonos, maje! le dijo. "Pero que te pasa vos, estaban muy bonitas" replicó el concertino. ¡No eran mujeres pendejo!, grito el enamorado..." "¡Ah!, y vos ¿cómo supistes?", preguntó inocentemente el concertino... ![]() Director de Orquesta, maestrazo! (Movimiento fraseo largo) El enamorado también era famoso porque le gustaba economizar. En un cóctel de la embajada italiana departíamos con nuestro amigo "el hombre de vidrio", por eso de que salía siempre en las páginas sociales de los periódicos con un buen vaso de vino en la mano. El enamorado llego tarde y queriendo que todos reconocieran su entrada se lanzo bailando como John Travolta en medio de la fiesta. ¡Caro! ¡Caro amigo!, le gritaba el hombre de vidrio. Oiga le dijo la esposa del embajador, no sabia que usted habla italiano. "No, señora, es que ese amigo me cuesta caro, siempre me deja pagando la cuenta". (Dirección de cierre de calderón): Una vez, en el cumpleaños del concertino éste se mostraba muy triste. Pero compadre, le preguntaba un amigo, ¿qué le pasa? Es que estoy muy preocupado, musito. "Hoy cumplo treinta y tres años y hacia esta misma edad murieron Mozart y Cristo". Sergio Rodríguez, Ver además el primer y tercer movimiento de las anecdotas en esta sección
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