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Cine para Cazadores de Mounstruos: Sin City

La recién pasada experiencia con la película Sin City aquí en Honduras (salas y cable) marca una importante victoria para los que apreciamos lo bizarro en formato de buen cine. Basin City (la Ciudad del Pecado) es corrupta y peligrosa. En ella se mueven personajes arquetípicos de enorme fuerza individual tanto por su presencia como por su férrea composición ética y moral: matones, políticos corruptos, asesinos a sueldo, mafias, todo tipo de agrios perdedores y bazofia humana... Lo anterior no excluye que su punto de reunión sea la más sórdida de las leoneras, Kadie's, donde sin conocerse pasarán los cabeza de cada historia y cruzarán alguna mirada inquisitiva.

Son varias historias las que se hilvanan en la trama y, aunque pareciera que no tienen que ver entre sí resultan tejidas en el mismo lienzo (será habitual que secundarios de una historia reaparezcan en otras, o que incluso los protagonistas de algunas de ellas realicen breves apariciones en las de los otros, para dar una sensación de "rayuela" y cierto sentido de unidad al conjunto). Tampoco es excluyente el que las mujeres tengan su barrio estrictamente genérico en el que antes que putas sean dueñas de su propia libertad al grado de que allí ni la policía se atreva y donde, de manera contradictoria, no existe la corrupción, aunque sí una solidaridad a prueba de traiciones; y que esa integridad sea la que motive a los poderosos para ejercitar su dominio por el prurito del poder, antes que por el placer...

De modo que las bellas y armadas mujeres no tendrán más debilidad que la que el amor exige, desde el fuste que engruesa con cierta ingenuidad sentimental. Eso quiere decir que también se mueven allí el muchacho y la muchacha de la película, en plena lisa conflictiva y amorosa y en pareja para cada historia; para ello Rodríguez trasladó tres de los cómics que componen la colección de Miller: "El duro adiós", "La gran masacre" y "Ese cobarde bastardo" para que el resultado final fuera un salvaje thriller de acción, sangre, violencia, amor y movimiento frenético.


El Spirit - Will Eisner
Sin City está basada en las entregas "cómic" del género negro que desde 1991 dedujo una posicion en contracorriente de su autor Frank Miller dentro del cómic comercial norteamericano. Miller dejó el color a un lado para realizarlo en blanco y negro, desafió a la gazmoñería de la sociedad gringa con desnudos y escenas violentas y creó un mundo, una estética y un ritmo narrativo completamente nuevos. Veamos, pues, unas dos bases que se pueden rastrear para entender mejor este tipo de asociación cine-cómic:

El 4 de octubre de 1931 aparece Dick Tracy, el primer cómic norteamericano, en una página dominical. Los dibujos de Chester Gould (después, en 1977, Dick Fletcher con guiones de Max Collins), abundantes en trazos negros y en ocasiones próximos a la caricatura, confieren a Dick Tracy el tono original que le permitió sobrevivir con éxito a la crisis de la prensa diaria durante el decenio depresivo. Este cómic fue adaptado para el cine por Warren Beatty en 1990 y la obra fue galardonada con tres Premios Óscar. De los 30 son también los clásicos como The Phantom, de Lee Falk y Mandrake el Mago, del mismo Lee Falk, Phil Davis y Fred Fredericks...

Pero no es sino hasta que Will Eisner crea The Spirit, (1940), un personaje experimental con guiones de fuertes innovaciones narrativas, que nace el verdadero antihéroe. A este servidor de la justicia le puede suceder todo lo contrario de lo que hacen personajes de chata valoración, concebidos para glorificar la superioridad racial en los entornos del "destino manifiesto", como Tarzan of the Apes (Burroughs) y Supermán the Man of Steel (Siegel y Shuster), íconos del imperialismo consuetudinario. El Spirit de Eisner suele "perder" en los pleitos, recibe palizas de los gángsters y burlas de las damiselas debido a su torpeza y "mala suerte", tan incongruentes con su clara nobleza y humildad. En 1978 Eisner acuñó el término y el concepto de "novela gráfica" al publicar la que está considerada la primera novela gráfica de la historia del cómic: Contrato con Dios, convirtiéndose así en abanderado del "cómic de autor", con un contenido adulto y no de simple entretenimiento juvenil. Su primer intento clásico fue precisamente la creación del antihéroe El Spirit.

Esos son los lejanos padres de Sin City; tal vez algunos más de trascendencia media o alta que se nos escapan. Pero Sin City adquiere una poderosa presencia física con la película (2005) de Robert Rodríguez, con la ayuda del propio Miller y de Tarantino, probablemente el "padre" de aquél. Gráficamente la película ejemplifica las premisas de la serie y el tema recurrente de su autor sobre el sacrificio heroico; se mantiene en línea con el código ultra violento y desarrolla psicológicamente personajes que pueden despertar complicidad por parte del espectador, pese a su desarrollo hiperbólico. El blanco y negro procurado en propensión gótica (nada que ver con el escondite homosexual neonazi) es altamente expresivo y, además de que está siendo fiel al trazo del cómic, "comunica" una calidad escénica sin precedentes en la modernidad del cine gringo.


That Yellow bastard - Ese bastardo amarillo
Para esta breve nota llamo la atención en algunos detalles geniales de la realización: La superposición del detalle a colores (ojos azules, tenis rojos, sangre, etc.) sobre el trazo blanco-negro. El humor sugerido (las cuerdas con las que atan a los personajes bañados en sangre mantienen su pulcra blancura). El "movimiento" de los personajes (a mí me produjo la percepción de que Bruce Willis y Mickey Rourke no fueron escogidos por ser buenos actores sino por la forma en que se mueven, la manera en que caminan o corren). Y una reiterada alusión a sinestesias olfativas, no sólo visuales y sonoras (¡cómo apesta el violador hijo del Senador!). Además, es excelente el recurso de fijar primeros planos en expresiones actorales sobre actores como Powers Boothe (el Senador Roark), Jude Ciccolella (Liebowitz), Benicio Del Toro (Jackie Boy) y el gran actor Rutger Hauer (el cardenal Roark); y sobre los bellos rostros de las actrices Jessica Alba (Nancy Callahan), Devon Aoki (Miho), Alexis Bledel (Becky) y Rosario Dawson (Gail) que además está sensacional como valkiria negra.

Finalmente me quiero referir al protagonismo de la iluminación, puesto que la función del blanco sobre el negro no es de simple condicionamiento y contraste sino de auténtica joya de luces, manipulada para elaborar los sentimientos y para lograr el traslado del trazo del cómic al formato en movimiento, que es la imagen en el cine. Si se mantiene a la vista y en mano el cómic de Miller se notará además una sorprendente fidelidad con algunas de las escenas de la películas, ya sean éstas fijas como la pareja en la cama roja en forma de corazón; o en movimiento como los policías que suben por la escalera de caracol; la travesía de los personajes por el bosque, etc.

Para el estreno de la película la prensa norteamericana no pudo dejar de comentar en forma directa, sin los habituales sesgos con los que maneja temas que provienen de la periferia del "American way of Life". Así, el New York Times aludió: "En Sin City todos los gestos, las relaciones y las conversaciones son artificiosos, impostados, casi diríamos que pomposos en ese empeño -excesivo más de una vez- de emular los tópicos de la novelita policíaca barata. Lo que hace que esta imitación de motivos sobados de la literatura popular y el cine no desemboque en un subproducto de la misma especie es algo ajeno al contenido de Sin City, algo que tiene que ver con la forma.


The big fat kill - La gran masacre
La traslación de los clichés hard boiled al medio de la historieta y su reinvención mediante el personalísimo filtro del dibujo y la narración visual de Miller, resultan en un producto absolutamente novedoso. Es decir, aunque Sin City hunde sus raíces en el humor de Spillane y Bogart y se alimente de los fósiles de una tradición acartonada de historia de crímenes populares, acaba siendo algo distinto de aquello que le ha nutrido, algo que ofrece al lector rasgos fascinantes que le pertenecen exclusivamente, que no han sido copiados de otro medio y que no podrían ser copiados en otro medio..."

Sin City es, sin duda, cine para mounstruos. Para esa minoría que no desea hacer filas de imbéciles para ver Armagedon; para gente que además de divertirse podrá al final tomar como suyas algunas conclusiones como la siguiente: En definitiva, si en el Pueblo Viejo de Sin City no hay corrupción entonces debería producirse un intercambio de responsabilidades: que los políticos corruptos, los asesinos a sueldo, las mafias de ladrones y la bazofia se trasladen a ese sitio y dejen el gobierno para las damas, de esa manera se podría dar cuerpo al apotegma de los Siete Sabios del templo de El Tornillo Sinfín, en la Grecia Clásica, que literalmente dice: "¡Las putas al poder, porque sus hijos ya están en él!"

Febrero 2006

Una colaboración de El Daguerro

 

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