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La Escuela de Música Victoriano López en Morendo Molto
La sampedrana Escuela de Música Victoriano López es un sueño inconcluso que necesita de una vez por todas consolidarse como una institución con seguridad económica para garantizar su continuidad; y con la certificación de un pénsum que logre dar a sus egresados la aceptación legal y académica para entrar al nivel universitario. Desde que se creó, esta novedosa institución se ha mantenido siempre gracias a la solidaridad económica de la empresa privada y del apoyo de sus hijos ciudadanos. Pese a ello cada año vive en la incertidumbre de si podrá tener los recursos económicos para su funcionamiento. La fundación que la maneja jamás ha querido que el gobierno la incorpore totalmente al Ministerio de Educación con la cual podría asegurarse su estabilidad, mejorar su currículum de música, como la que se requiere en cualquier conservatorio musical, y asegurar la contratación de más personal profesional.
Hay varios bandos internos que se pelean por el poder de esta fundación para seguir usurpando sin temor a una auditoria estatal los dineros recaudados. No es de extrañarse que, según un artículo publicado en el periódico la Tribuna, se hayan robado cerca de 80,000 Lempiras de las donaciones y que la fundación se haga de la vista gorda sospechosamente tratando de que esto no salga a la luz pública, evitando así una investigación de la fiscalia que pudieran encontrar algo más oscuro en los manejos del presupuesto de nuestra escuela. Una organización como esta debe publicar por lo menos trimestralmente los ingresos y egresos de su presupuesto. De esta manera podrían probar ante la sociedad que hay claridad en los manejos del presupuesto de la Victoriano y de la Filarmónica, creando con esta acción la seguridad en los filántropos de que el presupuesto se está invirtiendo con la transparencia que el caso amerita. A estas alturas, con su probada contribución histórica en el arte musical de nuestra querida patria, la Victoriano ya no debería estar viviendo de las limosnas de sus ciudadanos. Si se consolidara como un instituto y como parte del Ministerio de Educación con un presupuesto acorde a una institución artística, no solamente se estaría ayudando a sus perpetuidad sino que implícitamente a que sus docentes -quienes tendrían que colegiarse como profesores especializados- tengan los justos beneficios y sueldos de un profesor de educación media bajo la sombrilla del estatuto del docente. Así evitarían también lo que le hicieron a uno de sus más eminentes profesores, Don Benjamín Acevedo, quien dio su vida en la aulas de la Victoriano y se retiró sin los dignos beneficios de una pensión vitalicia. A la fundación no le interesa que esto se haga realidad, mantienen el temor de quedarse por fuera de los destinos de la Victoriano; se olvidaron de que ellos existen con el único propósito de ayudar con su liderazgo a un futuro mejor de la agrupación y no para escalar posiciones en los superficiales cócteles sociales y con las fotos en los periódicos. Por muchos años han probado su incompetencia y deberían ya, honestamente, dejar camino para la alternativa que hoy pongo en sus manos. Del director de nuestra Escuela de Música el señor José Iglesias Carnot no esperemos mucho; como a la mayoría de los extranjeros, lo único que le interesa es continuar a como sea en su posición privilegiada, sin importarle en verdad el destino de la institución. Por años ha sido manejada por foráneos - cuando yo mismo pasé por sus aulas- hasta nos prohibieron muchas veces la entrada a sus espacios por el temor infundado de que siempre les ha dado nuestra competencia profesional. Muchas veces en mis vistitas por la amada patria y después de terminar mis primeros títulos universitarios, con la ilusión de que se me diese un espacio en la escuela que me impregnó el amor a la música, ni siquiera se me permitía entrar y tajantemente me pusieron en la calle, porque como me lo dijo el maestro Chain "aquí no hay oportunidades, andate para Tegus".
Por otro lado, me es inconcebible que la Victoriano López se haya convertido en un centro exclusivo para le élite sampedrana y que en su claro racismo y exclusión no se les den oportunidades de estudios a nuestros compatriotas negros. Estoy indignado que con tantos años de lucha la Escuela continúa en situación de desaparecer en morendo molto, por culpa de una fundación impúdica e incapaz. Por eso hoy propongo de una ves y para siempre que primero hay que reestructurar a la fundación con líderes de probada ética social en la que sean incluidos docentes, padres de familia y miembros de los ministerios de Educación y de Cultura; segundo, consolidar a nuestra Escuela de Música en una institución sólida protegida por el estado de Honduras, en la que pueda desarrollarse el arte musical en todas sus áreas para el beneficio de nuestra sociedad y el futuro de todos nuestros hijos. Sergio Rodríguez, Violinista y Director de Orquesta
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