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Iba por la acera y me encontré un Jet...

Una cosa me encontré y si no aparece el dueño me la quedaré...

Es que yo iba por la acera y me hallé un Jet o monólogo tragicómico sobre un avión huérfano de cielo

"Personas que transitaban frente al Aeropuerto Toncontín el 24 de febrero afirman haber visto unos olingos en la torre de control, casi momentos antes de que aterrizara un lujoso y misterioso Jet , el cuál venía con quién sabe qué cargamento y quién sabrá qué propósito." Claro, tal teoría simiesca explicaría el porqué nadie se percató de la aproximación del lujoso Jet; nadie evolutivamente humano miró quién se bajó; nadie habló con los pilotos; nadie los miró pasar y como los olingos no hablan español; nadie les preguntó: ¿Por qué la llegada a deshora con ese pajarraco blanco?

La cosa es que desde que vino, a muchos se les salivan los bigotes por subirse a tan delineada flecha y bajarse en los aeropuertos internacionales como si fuera alguna clase de Donald Trump tercemundista. Hasta el día de hoy, muy pocos elegidos se han montado en él, ante la ojeriza mirada de las gloriosas que lo custodian como el himen de la hija quinceañera del Alcalde, se sientan en sus mullidos asientos de cuero y se imaginan lo que le harían a Candle en algún pequeño saltito centroamericano o paseito disfrazado de misión diplomática.

Con un valor de casi 20 millones de dólares, que son 400 millones de lempiras, el mágico avión inicia sus vectores de aproximación cerca de las 11 de la noche del 25 de febrero del presente año, de inmediato, funcionarios del Aeropuerto, que curiosamente esperaban la aeronave y no trabajan a esas horas, brindan todos los permisos correspondientes y así exactamente a las 11:14 P.M. el peluche volador toca pista en el Aeropuerto Toncontín. Luego, sin ton ni son, así como sigue otra canción en la rockola del burdel, los tripulantes Carlos Enrique Mezner y Felipe Rivielo pagan debidamente todas su obligaciones aeroportuarias y salen maravillosamente a la frescura de la noche tegulcigalpense, para abandonar el territorio nacional al día siguiente, sin que nadie les preguntará que hacían con el adorno de bandera mexicana, serie 010, con registro XB-JPL que dejaban en la pista.

Ahora, imagine usted que llega a su casa cansado del currelo y cuando abre la puerta de su garaje para meter su toyotía del 84, encuentra allí un rimbombante jaguar del año. Todavía estupefacto y sin habla, escucha a su mujer que le explica que dos hombres, a los cuales ella jura no conocer, llegaron, tocaron la puerta y le dejaron en el garaje ese lindo y aspiracional vehículo. Entonces usted se pregunta ¿Será alguno de los carros que está rifando Credomatic? ¿Pero recién acabo de firmar un acuerdo de pago con Aval Card?, y en la base de datos de la Central de Riesgos mi nombre es el primero que sale porque mi papá me puso Artemio, pero vuelve en sí y repasa en su mente la capacidad económica de alguna de las viejas con quién se acuesta; piensa en el maricón que corta pelo en el Salón de la esquina, pero de inmediato lo descarta porque a todas luces es más pobre que un Jesuita, entonces, herido en su ego machista, mira a su mujer con sospecha, la huele, le observa la enaguas, el corpiño, sube a la recámara y detenidamente, como requintero de peatonal, husmea en cada rincón de la habitación, del tálamo nupcial, en busca de un pelo púbico delator que explique la onerosa presencia de ese felino metálico en su garaje, pero el dos más dos no da para tanto, por más que se le de vuelta. De la misma forma, muchos comenzaron a preguntar lo mismo al ver que el tal avión no echaba hojas ni flores después de varios días de sol en la pista del Aeropuerto. Entonces sonaron las alarmas, los diarios publicaban el arribo de la misteriosa nave, se especulaba que traía un blanco cargamento con el que no se fabrican las Coca Colas; se afirmaba que a media noche se bajaron sendos fardos con dineros de bulto y al mejor estilo de la películas de Hollywood, el ulular de las sirenas y de los carros patrullas no se hizo esperar ya cuando el villano se había marchado.

Como parte de la sorprendente proactividad del Ministro de Gobernación Jorge Arturo Reina, que por milagro llegó a la oficina, se ordenó la inmediata investigación del Servicio de Aeronaútica Civil y Migración, quienes con cara de yo no fui argumentaron una amnesia temporal colectiva sobre el evento en cuestión. La Fiscalía también hizo lo suyo preguntando el teléfono fijo y celular a las lindas damas presentes. Entonces aparece el primer supuesto apoderado legal, en representación del propietario del Jet Marco Alberto Andrade Mora, quién afirma ante cámaras y micrófonos que sólo está a la espera de una orden para retirar el avión de Toncontín.

El fiscal contra el Crimen Organizado, espera que el Abogado Mexicano acredite la información sobre la aeronave pero como nada se aclara deciden preguntar a México y Venezuela, poco a poco se comienza a a conocer el currículum del avión, se sabe que fue vendido por la compañía Tyler Jet Aviation justamente después de declararse en quiebra, paralelamente, y como curándose en salud, el Jinete de bigotesca estampa declara que ni él, ni su gobierno tienen nada que ver (la Tribuna 25/05/06).


Cómo puede aterrizar este AVION en Toncontín y NO SABER nada de el?
Los días pasan y no se aclara el pedigrí del peluche volador, el Fiscal General de la República, en un acto emprendedor y valeroso, viaja a México, y desde la comodidad del Hotel 5 estrellas, inicia un sesuda investigación que lo hará enterarse en el bar del Hotel, que el avión "avemaría purísima, sin pecado concebida" estaba ligado al Narcotráfico internacional. La PGR le comunica, siempre en la comodidad de su hotel, que el avión tiene su permiso vencido, el cual fue otorgado en diciembre del 2005 y colorín colorado… el caso está cerrado. A miles de kilómetros de allí, en la base aérea, altos oficiales comienzan a preguntarse quién de los pelones halcones podría volar la nave, se hacen algunos encendidos de garaje, como cuando uno enciende el carro de su papá como precalentamiento de esas inolvidables lecciones clandestinas de manejo, pero al ver aquella cascada de luces rojas y la ausencia de la palanca de cambios al timón desisten por el temor de averiar al peluche volador.

 

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